RCP en niños, reanimación pediátrica

RCP en bebés y niños

RCP en niños, reanimación cardiopulmonar pediátrica

A día de hoy y por fortuna es muy poco habitual que un niño tenga una parada cardiorrespiratoria, en adelante PCR. Se entiende por PCR la interrupción, normalmente inesperada y potencialmente reversible, de la respiración y de la actividad mecánica del corazón.

La reanimación cardiopulmonar (RCP) es una técnica de salvamento utilizada para reanimar a una persona que ha dejado de respirar o cuyo corazón ha dejado de latir. Cuando se practica a niños, la RCP es ligeramente distinta que cuando se hace a adultos. Por ejemplo, las compresiones deben hacerse con dos dedos, uno de ellos el pulgar, en el centro del pecho en lugar de con las dos manos.

Además, el ritmo y la profundidad de las compresiones también son diferentes a los de los adultos: las compresiones deben ser de 100-120 por minuto y de 1/3 a 1/2 de la profundidad de un adulto. Las respiraciones artificiales de rescate también se administran con más frecuencia que en los adultos: después de cada 5 compresiones, debe administrarse una respiración artificial de rescate.

Por último, hay que prestar especial atención a evitar una fuerza excesiva al realizar la RCP en niños, ya que su pared torácica puede lesionarse fácilmente debido a su fragilidad.

 

¿Por qué es necesario utilizar la reanimación cardiopulmonar pediátrica?

 

La RCP básica es una técnica esencial para salvar vidas y es importante saber cómo realizarla en un niño. Puede utilizarse en diversas situaciones de emergencia, como cuando un niño ha dejado de respirar o su corazón ha dejado de latir.

Las maniobras de reanimación cardiopulmonar ayuda a restablecer el flujo de sangre oxigenada al cerebro y otros órganos vitales, contribuyendo a prevenir daños neurológicos potencialmente graves. Además, también puede ayudar a reanimar a una persona que ha sufrido una parada cardiorrespiratoria.

Saber cómo realizar correctamente la RCP a un niño es crucial para cualquier cuidador, ya que puede significar la diferencia entre la vida y la muerte en una situación de emergencia. Además, tener conocimientos de RCP garantiza que se tomen las medidas necesarias de forma rápida y correcta cuando se intenta salvar la vida de un niño.

 

Reanimación cardiopulmonar básica en pediatría

 

La reanimación básica (RCP) es un importante procedimiento para salvar vidas que debe conocer y practicar cualquier persona que trabaje con niños o los cuide. Puede salvar la vida de un niño en caso de parada cardiaca, que es cuando el corazón deja de latir con normalidad. Al aplicar la RCP a un paciente pediátrico, asegúrese de realizar compresiones adecuadas a su tamaño y edad.

El ritmo de las compresiones debe ser de al menos 100-120 por minuto para un niño menor de 1 año, y de al menos 80-100 por minuto para un niño mayor. Recuerde también administrar respiraciones artificiales de rescate entre cada serie de 30 compresiones torácicas. Estas respiraciones también deben ajustarse en función del tamaño del niño. Si alguna vez se encuentra en una situación en la que tenga que realizar una RCP a un paciente pediátrico, es importante que mantenga la calma y siga estas directrices para asegurarse de que proporciona la mejor atención posible.

 

Reanimación cardiopulmonar pediátrica (RCP en niños). ¿Cómo se realiza las maniobras?

 

La RCP es una técnica importante para salvar vidas que puede utilizarse para reanimar a bebés y niños que han dejado de respirar o no tienen pulso. La reanimación cardiopulmonar de bebés y niños se realiza de forma ligeramente distinta a la de los adultos. En el caso de los lactantes, la persona que practica la RCP debe utilizar dos dedos para realizar compresiones torácicas a un ritmo de 100-120 por minuto y dar respiraciones de un segundo de duración cada una.

Para los niños de 1 a 8 años, las compresiones deben hacerse con las dos manos utilizando el talón de una mano, a un ritmo de al menos 100 por minuto. Dependiendo de la edad del niño, puede ser necesario administrar las respiraciones con una mascarilla con válvula de bolsa o boca a boca. Es esencial que cualquier persona que practique la RCP a un bebé o un niño reciba la formación adecuada para que pueda realizarla de forma correcta y segura.

Los signos clínicos para identificar una situación de PCR en un niño son la inconciencia, apnea o respiración agónica (gasping) y ausencia de pulso o signos vitales (no se mueve, no respira, no tose).

Existen estudios que demuestran que del 43% al 64% de los pacientes pediátricos que presentan una PCR recuperan la circulación espontanea con la aplicación de maniobras de RCP (Reanimación Cardiopulmonar Pediátrica).

RCP pediátrica


Las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) son un conjunto de medidas y actuaciones que permiten identificar la situación de PCR y, también, pretenden sustituir y tratar de recuperar, la respiración y la circulación, constituyendo el tratamiento esencial de la PCR. Su principal objetivo es procurar una distribución suficiente de oxígeno al cerebro y a otros órganos vitales.

En la RCP básica, las maniobras de reanimación se realizan sin contar con ningún equipamiento específico y en la instrumentalizada, se contempla con la incorporación de desfibriladores, para mejorar la ventilación, el tratamiento de los ritmos desfibriladores y la seguridad del reanimador (material de protección y bioseguridad).

Por otro lado, en la RCP avanzada, se cuenta con la ayuda de material específico, como, por ejemplo: oxígeno, material de instrumentalización de la vía aérea o fármacos, y se debe aplicar por personal sanitario especialmente entrenado y capacitado.

Paso a paso RCP pediátrica


Antes de adentrarnos en el paso a paso, es importante determinar que se consideran lactantes a los menores de un año (excepto recién nacidos) y niños a los que tienen más de un año y hasta la pubertad (en niñas hasta la presencia del desarrollo mamario y en niños vello axilar).

La continuación vamos a detallar la secuencia de maniobras que corresponden a una RCP básica según las recomendaciones actuales.

  1. Garantizar la seguridad del niño y del reanimador: si es preciso, movilizar la victima a un lugar seguro y el reanimador se protegerá con las medidas que tenga (guantes, señalización, …)
  2. Comprobar la respuesta a la estimulación: primero hablar niño en voz alta y si no hay respuesta estimulación táctil (pellizcos). Evitar las sacudidas. Si hay respuesta a los estímulos mantener la posición y valorar si precisa atención médica. EN caso contrario seguir con la RCP.
  3. Solicitar ayuda y activar los servicios de emergencia médica (SEM): gritar “ayuda”, llamar al 112 o 061 y obtener un desfibrilador.
  4. Optimizar la posición del niño: colocarlo en una superficie plana y dura en decúbito supino y con la cabeza, cuello, tronco y extremidades bien alineados.
  5. Abrir la vía aérea: Una mano en la frente y la otra elevando el mentón, extendiendo la cabeza hasta una posición neutra en el lactante, y algo más, hasta la posición de “olfateo”, en el niño. No hacer presión sobre los tejidos blandos bajo la mandíbula. Inspeccionar la cavidad oral y retirar cuerpos extraños claramente accesibles.
  6. Comprobar si existe respiración espontanea: acercar la mejilla a la boca del niño, para “ver” si hay excursiones torácicas, “oír” si hay ruidos respiratorios y “sentir” en su mejilla el movimiento del aire. No invertir más de 10 segundos. Si esta inconsciente pero respira se colocará en posición de seguridad siempre que no existan lesiones que lo impidan. En el caso de no espirar o gasping, se debe administrar 5 ventilaciones de rescate.
  7. Hacer 5 insuflaciones de rescate para demostrar la permeabilidad de la vía aérea: manteniendo la apertura de la vía aérea, con técnica de “boca a boca-nariz” en el lactante o “boca a boca” en el niño, o con mascarilla facial y bolsa autoinflable (RCP básica instrumentalizada). Tras cada ventilación, el reanimador debe separar por completo su boca de la del niño, realizando una inspiración profunda antes de la siguiente. Las insuflaciones de aproximadamente 1 segundo, con la intensidad para producir una excursión evidente del tórax del niño.
  8. Comprobar si existe circulación espontánea “signos de vida”: si se detectan con seguridad o un pulso con una frecuencia mayor de 60 por minuto seguir manteniendo la vía aérea abierta administrando entre 12 y 20 ventilaciones por minuto hasta que llegue personal más cualificado o el SEM.
  9. Compresiones torácicas: aplicarlas en el caso de no parecer signos de vida. Comprimir “rápido y con fuerza”, unas 100 compresiones/minuto, deprimiendo un tercio del diámetro torácico anteroposterior (unos 4 cm en lactantes y 5 cm en niños).  Tras cada 30 compresiones administrar 2 ventilaciones. Las compresiones en lactantes hacerlas con 2 dedos en el tercio inferior del mentón (debajo de la línea intermamilar). En niños emplear una mano o las dos superpuestas, con los brazos extendidos para administrar la presión con el talón de la mano sobre el tercio inferior de esternón.
  10. Comprobar la eficacia de las maniobras de RCP: Cada 2 minutos desde el inicio de la RCP, se detendrá brevemente la secuencia de compresiones-ventilaciones para reevaluar la presencia de respiración y circulación espontáneas, empleando el menor tiempo posible (no más de 10 segundos).

Se recomienda el uso del DEA durante la RCP de niños mayores de 1 año. En niños mayores de 8 años (25 Kg), se debe emplear un DESA de adultos, pero en niños de 1 a 8 años de edad, se recomienda emplear un DESA pediátrico, con atenuador de energía.

Si no se dispone de un DESA al iniciar la RCP, administrar un minuto de RCP antes de ir a buscarlo y en caso de disponer de él siempre administrar 1 minuto de RCP antes de monitorizar. Para mantener la calidad de la RCP, mantener las compresiones mientras se colocan los electrodos en el niño.

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